Dislalias

Al hablar de “Dislalias” se hace referencia al trastorno del habla más frecuente, conocido y fácil de identificar en niños, aunque también se da en otros grupos etáreos (con menor frecuencia), en el que es posible notar la incapacidad para pronunciar correctamente ciertos fonemas o grupos fonemas, respecto a parámetros vistos como normales según la edad y desarrollo del afectado.

 

Etimológicamente la palabra dislalia proviene de: dis, dificultad y lalein; habla. Pero ésta no existió desde siempre, cuenta Norma Regal Cabrera que:

 

“Por mucho tiempo se agrupaban los trastornos de la pronunciación bajo el nombre de dislabia. El suizo Schulter en los años 30 del siglo XIX comenzó a utilizar el término de dislalia para diferenciarlo de la alalia (sin lenguaje); posteriormente los estudios realizados por diferentes autores como A. Kussmaul (1879), Berkan (1892), H. Gutzman (1927), P. Liebmann (1924), Froschels (1928), y otros hicieron posible el significado que conserva hoy.(Regal, 1999, p. 1)

 

Clasificación de las Dislalias

Existen cuatro tipos de dislalias, clasificadas en función de las causas que las originan. Éstas son: dislalia evolutiva, audiogénica, orgánica y funcional.

 

Dislalia evolutiva o fisiológica: Comprende las anomalías en articulación propias de los niños durante sus primeros años (edad temprana), siendo parte del proceso normal de adquisición del lenguaje. Lo anterior se debe a que durante esta etapa los niños no son capaces de reproducir con total exactitud los fonemas que oyen, incurriendo en errores que con el tiempo lograrán corregir

 

Dislalia audiógena: Es el problema de articulación producido por alguna deficiencia auditiva. Un autor menciona que “…el edificio del lenguaje está basado en la percepción auditiva (…)  el niño que oye incorrectamente hablará con defectos” (Perelló, 1995 ,349).

 

Dislalias orgánicas: disartrias o disglosias: Los expertos cuestionan si deben incluir la disartria y  la disglosia dentro de las dislalias, puesto que algunos de ellos prefieren dicha terminología sólo para aquellos trastornos en los que no hay malformación de los órganos fonoarticulatorios. A pesar de ésta discrepancia, se puede decir que las dislalias orgánicas son trastornos ocasionados por alteraciones de diferentes tipos; por una parte la disartria tiene origen en el sistema nervioso, por lo tanto, son congénitos o producto de una lesión neuronal (son graves y su rehabilitación está en relación con la severidad); y por otra parte, la disglosia, tiene su origen en alteraciones de los órganos del habla (pudiendo tratarse de órganos labiales, linguales o dentales, entre otros).

 

Dislalia funcional: No existen causas físicas ni orgánicas que justifiquen la aparición de ésta alteración; su denominación es tal porque implica una incapacidad que, como su nombre lo indica, es de carácter funcional, es decir, que existen defectos en el desarrollo normal de la adquisición del lenguaje. Los errores en la articulación de los fonemas pueden ser: sustitución, omisión, inserción (si no sabe pronunciar un grupo consonántico introduce una vocal en medio) y distorsión. Teniendo, que aquellos niños que  presentan este tipo de trastorno, generalmente muestran un bajo rendimiento escolar, se ven distraídos o agresivos.

 

La omisión de un fonema se puede dar en cualquier parte de la palabra, y es consecuencia de una dificultad en la articulación de la misma por parte del niño. Este puede omitir la consonante o la sílaba completa que lleva esa consonante. Por ejemplo, si omite sólo la consonante dirá “apato”, en vez de zapato y si omite la sílaba completa dirá “camelo”, en vez de “caramelo”. Ahora bien si la palabra que el niño desea articular posee sólo dos sílabas y una de ellas está compuesta por dos consonantes seguidas, el niño omite aquella que le resulta dificultosa, por ejemplo, si quiere decir “fruta”, él dirá “futa”.

 

La sustitución de un fonema  se puede dar al principio, en medio o al final de una palabra y corresponde al reemplazo de un sonido por otro, esta falla puede darse por diversas razones, entre ellas, un problema en la discriminación auditiva, o bien, al niño  le resulta difícil la articulación específica o concreta del fonema, por lo que busca uno que se asemeje y le sea más fácil de realizar. Por ejemplo, el fonema /r/ es sustituido por /g/ o por /d/ y /k/ es sustituido por /t/.

 

El poder corregir este tipo de trastorno resulta complicado, ya que el niño debe superar 2 fases, la primera en que la que es capaz de articular correctamente el fonema, y la segunda en la que debe incorporar aquel fonema que ya puede articular correctamente a su lenguaje espontáneo.

La distorsión o deformación corresponde a aquella articulación aproximada de un fonema que realiza un niño, ésta se debe a que los órganos de la articulación se encuentran en una mala posición.

 

Los fonemas que se ven involucrados comúnmente son: / r/, / k/, /l/, /s/, o /t∫/.  Por   ejemplo, si se desea que un niño diga “Ese lápiz es de Lalo”, este podría realizar una sustitución del fonema, por lo tanto, diría “Ese dápiz es de dado”,  podría efectuar una omisión “Ese ápiz es de ao”, o bien realizaría una deformación  “El llapiz es de llallo”.

 

Si se considera el número de fonemas afectados, el trastorno podría ser simple, múltiple o generalizado, y la nomenclatura del trastorno correspondiente se determina con el uso del nombre griego del fonema, al que se une el sufijo (ismo). La alteración de la /r/ rotacismo, la de la /s/ sigmatismo, etcétera. Si el fonema no está incluido en el alfabeto griego, se utiliza dislalia de nombre del fonema en español.

 

Existen causas determinantes de la dislalia funcional, las cuales pueden darse por si solas o presentarse varias a la vez, lo que implica que es necesario evaluar cada uno de estos aspectos para realizar un óptimo diagnóstico que permita determinar que tipo de tratamiento debe recibir el niño, por lo que resulta imprescindible descartar que ésta se vea acompañada por una dislalia audiógena u orgánica a través de exámenes médicos.  Es también necesario una evaluación en la articulación del niño, y ésta se determina mediante algunas pruebas, analizando si el fonema en el cual presenta problemas es de tipo inicial, intermedio o final y si está referido al lenguaje espontáneo (como habla comúnmente), repetido (repeticiones de palabras) o dirigido. Con ellos se establece si realiza sustituciones, omisiones o distorsiones.

 

Se tiene entones que:

 -La escasa habilidad motora provoca retraso en la pronunciación, el niño presenta problemas de coordinación  en los movimientos del aparato fonador  y  motriz. Es necesario entonces, ver en que condiciones se encuentra la psicomotricidad base del niño, es decir, coordinación estática, dinámica, rapidez de movimientos, etc., y a su vez observar la psicomotricidad buco-facial, analizar el estado de los órganos de la articulación y conocer la capacidad de relajación y la conducta respiratoria.

 

-En el periodo de adquisición del lenguaje, el niño imita los movimientos y sonidos de aquellos que están cerca en su proceso de crecimiento. Puede ocurrir entonces, que el niño no tenga la capacidad de percibir y organizar  tiempo y espacio, teniendo así que no pueda diferenciar  una articulación de otra.

 

-El niño puede presentar una falta de discriminación auditiva, no por una falla orgánica, sino que, no puede diferenciar  los intervalos entre dos sonidos, intensidades y duraciones. En otras palabras, el niño no es capaz de analizar y/o integrar correctamente los fonemas que oye. Por esto, se le realizan pruebas que permiten evaluar la discriminación de sonido, fonética y de la palabra.

 

-El aspecto psicológico y el ambiente en que se desenvuelve un niño también resultan importantes. Un niño que se ve inmerso en un ambiente familiar complicado, en donde sufre la ausencia de alguno de sus padres, la falta de afectos, la presencia de celos frente a la llegada de un nuevo integrante familiar, la sobreprotección materna o cualquier otra situación, puede determinar un trastorno de lenguaje impidiendo su evolución debido a un problema en el desarrollo de la personalidad del niño. Esto es posible diagnosticarlo mediante una anamnesis donde los datos son proporcionados por los padres.

 

-Factores hereditarios pueden provocar algún problema articulatorio, los que se ven reforzados por las imitaciones erróneas realizadas por los niños.

 

Ahora bien, puede darse el caso de que la dislalia sea parte de la sintomatología de una alteración mayor, como por ejemplo que el niño presente una deficiencia mental, teniendo entonces, que  la recuperación o el mejoramiento de su trastorno a nivel del lenguaje dependa de la capacidad intelectual del niño.

 

Tratamiento

Perelló (1995) afirma que el niño con dislalia se acostumbra a la forma incorrecta de articular los fonemas, y por ello se puede decir que crea un nuevo sistema dialéctico con el entorno.

En términos generales, el autor dice que lo primero en el tratamiento es que el niño olvide la forma incorrecta de articular, para que posteriormente pase por las etapas de habituación, facilitación, asociación y utilización.

Es sugerido que en el tratamiento de los fonemas alterados, se enseñen palabras completas, porque éstas les son más llamativas y nuevas que las ya conocidas (aquellas en las que se arraigan los problemas articulatorios del infante).

El tratamiento básicamente consiste en adiestrar y ejercitar los movimientos de los órganos articulatorios para que el niño adquiera la capacidad que le permitirá finalmente enunciar los fonemas de forma correcta. Cuando las causas son orgánicas debe ser evaluado y tratado por los especialistas pertinentes al caso.

 

Conclusiones

Como trastornos del habla, las dislalias involucran alteraciones en la producción de fonemas, las que pueden deberse a causas diversas. Generalmente es posible observarlas en niños, aunque no por ello es un trastorno exclusivo de dicha etapa del desarrollo.

Las dislalias pueden ser superadas en muchos casos mediante la aplicación de terapias o tratamientos por parte de un terapeuta propiamente tal, aunque es imprescindible para una evolución favorable en el mejoramiento del paciente contar el apoyo psicológico y afectivo aportado por el círculo de personas más cercanas al afectado, y a la vez, con la propia voluntad de quien posee el trastorno.

Bibliografía

  • Buj Pereda, M. José (2007). Psicopatología infantil. Barcelona: Editorial Horsori monográfico.
  • Pascual García Pilar (2004). La dislalia: Naturaleza, diagnóstico y rehabilitación. Décima  edición. Madrid: Editorial CEPE. 
  • Perelló, J. (1995). Trastornos del habla. 5ta. Edición. Barcelona: Editorial científico médico.
  • Regal, Norma. Dislalia. Revista cubana ortodoncia 14 (2), 1999. Recuperado de http://bvs.sld.cu/revistas/ord/vol14_2_99/ord10299.htm

 

 

Al hablar de “Dislalias” se hace referencia al trastorno del habla más frecuente, conocido y fácil de identificar en niños, aunque también se da en otros grupos etáreos (con menor frecuencia), en el que es posible notar la incapacidad para pronunciar correctamente ciertos fonemas o grupos fonemas, respecto a parámetros vistos como normales según la edad y desarrollo del afectado.

 

Etimológicamente la palabra dislalia proviene de: dis, dificultad y lalein; habla. Pero ésta no existió desde siempre, cuenta Norma Regal Cabrera que:

 

“Por mucho tiempo se agrupaban los trastornos de la pronunciación bajo el nombre de dislabia. El suizo Schulter en los años 30 del siglo XIX comenzó a utilizar el término de dislalia para diferenciarlo de la alalia (sin lenguaje); posteriormente los estudios realizados por diferentes autores como A. Kussmaul (1879), Berkan (1892), H. Gutzman (1927), P. Liebmann (1924), Froschels (1928), y otros hicieron posible el significado que conserva hoy.(Regal, 1999, p. 1)

 

Clasificación de las Dislalias

 

Existen cuatro tipos de dislalias, clasificadas en función de las causas que las originan. Éstas son: dislalia evolutiva, audiogénica, orgánica y funcional.

 

Dislalia evolutiva o fisiológica: Comprende las anomalías en articulación propias de los niños durante sus primeros años (edad temprana), siendo parte del proceso normal de adquisición del lenguaje. Lo anterior se debe a que durante esta etapa los niños no son capaces de reproducir con total exactitud los fonemas que oyen, incurriendo en errores que con el tiempo lograrán corregir

 

Dislalia audiógena: Es el problema de articulación producido por alguna deficiencia auditiva. Un autor menciona que “…el edificio del lenguaje está basado en la percepción auditiva (…)  el niño que oye incorrectamente hablará con defectos” (Perelló, 1995 ,349).

 

Dislalias orgánicas: disartrias o disglosias: Los expertos cuestionan si deben incluir la disartria y  la disglosia dentro de las dislalias, puesto que algunos de ellos prefieren dicha terminología sólo para aquellos trastornos en los que no hay malformación de los órganos fonoarticulatorios. A pesar de ésta discrepancia, se puede decir que las dislalias orgánicas son trastornos ocasionados por alteraciones de diferentes tipos; por una parte la disartria tiene origen en el sistema nervioso, por lo tanto, son congénitos o producto de una lesión neuronal (son graves y su rehabilitación está en relación con la severidad); y por otra parte, la disglosia, tiene su origen en alteraciones de los órganos del habla (pudiendo tratarse de órganos labiales, linguales o dentales, entre otros).

 

Dislalia funcional: No existen causas físicas ni orgánicas que justifiquen la aparición de ésta alteración; su denominación es tal porque implica una incapacidad que, como su nombre lo indica, es de carácter funcional, es decir, que existen defectos en el desarrollo normal de la adquisición del lenguaje. Los errores en la articulación de los fonemas pueden ser: sustitución, omisión, inserción (si no sabe pronunciar un grupo consonántico introduce una vocal en medio) y distorsión. Teniendo, que aquellos niños que  presentan este tipo de trastorno, generalmente muestran un bajo rendimiento escolar, se ven distraídos o agresivos.

 

La omisión de un fonema se puede dar en cualquier parte de la palabra, y es consecuencia de una dificultad en la articulación de la misma por parte del niño. Este puede omitir la consonante o la sílaba completa que lleva esa consonante. Por ejemplo, si omite sólo la consonante dirá “apato”, en vez de zapato y si omite la sílaba completa dirá “camelo”, en vez de “caramelo”. Ahora bien si la palabra que el niño desea articular posee sólo dos sílabas y una de ellas está compuesta por dos consonantes seguidas, el niño omite aquella que le resulta dificultosa, por ejemplo, si quiere decir “fruta”, él dirá “futa”.

 

La sustitución de un fonema  se puede dar al principio, en medio o al final de una palabra y corresponde al reemplazo de un sonido por otro, esta falla puede darse por diversas razones, entre ellas, un problema en la discriminación auditiva, o bien, al niño  le resulta difícil la articulación específica o concreta del fonema, por lo que busca uno que se asemeje y le sea más fácil de realizar. Por ejemplo, el fonema /r/ es sustituido por /g/ o por /d/ y /k/ es sustituido por /t/.

 

El poder corregir este tipo de trastorno resulta complicado, ya que el niño debe superar 2 fases, la primera en que la que es capaz de articular correctamente el fonema, y la segunda en la que debe incorporar aquel fonema que ya puede articular correctamente a su lenguaje espontáneo.

La distorsión o deformación corresponde a aquella articulación aproximada de un fonema que realiza un niño, ésta se debe a que los órganos de la articulación se encuentran en una mala posición.

 

Los fonemas que se ven involucrados comúnmente son: / r/, / k/, /l/, /s/, o /t∫/.  Por   ejemplo, si se desea que un niño diga “Ese lápiz es de Lalo”, este podría realizar una sustitución del fonema, por lo tanto, diría “Ese dápiz es de dado”,  podría efectuar una omisión “Ese ápiz es de ao”, o bien realizaría una deformación  “El llapiz es de llallo”.

 

Si se considera el número de fonemas afectados, el trastorno podría ser simple, múltiple o generalizado, y la nomenclatura del trastorno correspondiente se determina con el uso del nombre griego del fonema, al que se une el sufijo (ismo). La alteración de la /r/ rotacismo, la de la /s/ sigmatismo, etcétera. Si el fonema no está incluido en el alfabeto griego, se utiliza dislalia de nombre del fonema en español.

 

Existen causas determinantes de la dislalia funcional, las cuales pueden darse por si solas o presentarse varias a la vez, lo que implica que es necesario evaluar cada uno de estos aspectos para realizar un óptimo diagnóstico que permita determinar que tipo de tratamiento debe recibir el niño, por lo que resulta imprescindible descartar que ésta se vea acompañada por una dislalia audiógena u orgánica a través de exámenes médicos.  Es también necesario una evaluación en la articulación del niño, y ésta se determina mediante algunas pruebas, analizando si el fonema en el cual presenta problemas es de tipo inicial, intermedio o final y si está referido al lenguaje espontáneo (como habla comúnmente), repetido (repeticiones de palabras) o dirigido. Con ellos se establece si realiza sustituciones, omisiones o distorsiones.

 

Se tiene entones que:

 -La escasa habilidad motora provoca retraso en la pronunciación, el niño presenta problemas de coordinación  en los movimientos del aparato fonador  y  motriz. Es necesario entonces, ver en que condiciones se encuentra la psicomotricidad base del niño, es decir, coordinación estática, dinámica, rapidez de movimientos, etc., y a su vez observar la psicomotricidad buco-facial, analizar el estado de los órganos de la articulación y conocer la capacidad de relajación y la conducta respiratoria.

 

-En el periodo de adquisición del lenguaje, el niño imita los movimientos y sonidos de aquellos que están cerca en su proceso de crecimiento. Puede ocurrir entonces, que el niño no tenga la capacidad de percibir y organizar  tiempo y espacio, teniendo así que no pueda diferenciar  una articulación de otra.

 

-El niño puede presentar una falta de discriminación auditiva, no por una falla orgánica, sino que, no puede diferenciar  los intervalos entre dos sonidos, intensidades y duraciones. En otras palabras, el niño no es capaz de analizar y/o integrar correctamente los fonemas que oye. Por esto, se le realizan pruebas que permiten evaluar la discriminación de sonido, fonética y de la palabra.

 

-El aspecto psicológico y el ambiente en que se desenvuelve un niño también resultan importantes. Un niño que se ve inmerso en un ambiente familiar complicado, en donde sufre la ausencia de alguno de sus padres, la falta de afectos, la presencia de celos frente a la llegada de un nuevo integrante familiar, la sobreprotección materna o cualquier otra situación, puede determinar un trastorno de lenguaje impidiendo su evolución debido a un problema en el desarrollo de la personalidad del niño. Esto es posible diagnosticarlo mediante una anamnesis donde los datos son proporcionados por los padres.

 

-Factores hereditarios pueden provocar algún problema articulatorio, los que se ven reforzados por las imitaciones erróneas realizadas por los niños.

 

Ahora bien, puede darse el caso de que la dislalia sea parte de la sintomatología de una alteración mayor, como por ejemplo que el niño presente una deficiencia mental, teniendo entonces, que  la recuperación o el mejoramiento de su trastorno a nivel del lenguaje dependa de la capacidad intelectual del niño.

 

Tratamiento

Perelló (1995) afirma que el niño con dislalia se acostumbra a la forma incorrecta de articular los fonemas, y por ello se puede decir que crea un nuevo sistema dialéctico con el entorno.

En términos generales, el autor dice que lo primero en el tratamiento es que el niño olvide la forma incorrecta de articular, para que posteriormente pase por las etapas de habituación, facilitación, asociación y utilización.

Es sugerido que en el tratamiento de los fonemas alterados, se enseñen palabras completas, porque éstas les son más llamativas y nuevas que las ya conocidas (aquellas en las que se arraigan los problemas articulatorios del infante).

El tratamiento básicamente consiste en adiestrar y ejercitar los movimientos de los órganos articulatorios para que el niño adquiera la capacidad que le permitirá finalmente enunciar los fonemas de forma correcta. Cuando las causas son orgánicas debe ser evaluado y tratado por los especialistas pertinentes al caso.

 

Conclusiones

Como trastornos del habla, las dislalias involucran alteraciones en la producción de fonemas, las que pueden deberse a causas diversas. Generalmente es posible observarlas en niños, aunque no por ello es un trastorno exclusivo de dicha etapa del desarrollo.

Las dislalias pueden ser superadas en muchos casos mediante la aplicación de terapias o tratamientos por parte de un terapeuta propiamente tal, aunque es imprescindible para una evolución favorable en el mejoramiento del paciente contar el apoyo psicológico y afectivo aportado por el círculo de personas más cercanas al afectado, y a la vez, con la propia voluntad de quien posee el trastorno.

 

Bibliografía

·Buj Pereda, M. José (2007). Psicopatología infantil. Barcelona: Editorial Horsori monográfico.

·Pascual García Pilar (2004). La dislalia: Naturaleza, diagnóstico y rehabilitación. Décima  edición. Madrid: Editorial CEPE. 

·Perelló, J. (1995). Trastornos del habla. 5ta. Edición. Barcelona: Editorial científico médico.

· Regal, Norma. Dislalia. Revista cubana ortodoncia 14 (2), 1999. Recuperado de http://bvs.sld.cu/revistas/ord/vol14_2_99/ord10299.htm

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