Pares Craneales

Integrantes: Vania Leal

                         Nicole Meneses

                         Paola Ordoñez

                         Jennipher Soto

                         Evelyn Valencia

                         Mariela Vidal

 

El fenómeno de la comunicación se ejecuta gracias a procesos de diferente naturaleza, en los que intervienen varias funciones del sistema nervioso, el cual es considerado  como el órgano del habla, la voz y la audición. Dentro de su compleja estructura y función se encuentran los pares craneales (Peña Casanova, 1988), a través de los cuales se llevan a cabo procesos de emisión y recepción de la información, lo que permite comunicarse de forma satisfactoria desde un punto de vista fisiológico. Estos se forman en la etapa del desarrollo, alrededor de la quinta o sexta semana; corresponden a doce pares de nervios craneales, unidos a la superficie inferior del encéfalo y al tronco encefálico. Pertenecen al sistema nervioso periférico, y emergen del cráneo a través de orificios presentes en la cavidad craneal; de esta manera, se enumeran del I al XII, según el orden de salida. Sus fibras conducen impulsos entre el encéfalo y las estructuras de la cabeza y el cuello, además de las cavidades torácicas y abdominales (Thibodeau y Patton, 2008).   Estos nervios cuentan con componentes somáticos, viscerales, motores  y sensoriales especiales, que inervan los músculos embrionarios derivados de los arcos faringeos y estan asociados con la audición, la visión, el gusto, el olfato y el equilibrio.(Bardaji y Navarro, 2000)

 

Los nervios craneales se clasifican en tres categorías, correspondiendo la primera a la de nervios sensoriales, en la que se encuentran los nervios olfatorio, óptico y vestibulococlear. En la segunda categoría están los nervios motores, como el oculomotor, troclear, abducens, entre otros. La tercera categoría engloba a los nervios mixtos, que nacen como los nervios espinales en medio de dos raíces, una sensitiva y una motora, correspondiendo a esta clasificación el nervio trigémino, el facial, el glosofaríngeo y el vago (Rouvière y Delmas, 2005). Once de los doce pares craneales inervan órganos de la cabeza; solo uno de ellos, el X (nervio vago), inerva, en cambio, los sistemas cardiocirculatorios, respiratorio y digestivo (Bardaji y Navarro, 2000).

 

En el proceso comunicativo desde el punto de vista fisiológico, se ven involucrados el nervio trigémino (V), el nervio facial (VII), el vestíbulo coclear (VIII), el glosofaríngeo (IX), el vago (X), el accesorio (XI) y el nervio hipogloso (XII). Sus respectivos sitios y tipos de inervación que aportan a los distintos órganos y músculos son determinantes en los procesos específicos del lenguaje, audición y fonación. (Morrison y Rammage, 1996). La fonación ocurre gracias al movimiento coordinado de los músculos que integran el aparato bucolaríngeo en conjunto a la vibración de los pliegues vocales al momento de la espiración, los cuales abren y cierran la glotis ejerciendo una acción de valva en ésta, produciendo así el sonido. Todo esto ocurre gracias a la inervación del nervio laríngeo recurrente, rama del nervio vago, encargado de la inervación de las regiones del cuello, tórax y abdomen (Peña Casanova, 1988; Rouvière y Delmas, 2005).

 

Para la producción de sonidos es necesario que los músculos palatofaríngeos regulen la presión de la obertura del mismo nombre. Dicha acción está a cargo de los nervios vago, trigémino y accesorio, quienes actúan como tensores de los músculos del velo del paladar. La rama motora del trigémino aporta la inervación de los músculos masticatorios y del suelo anterior de la cavidad oral, mientras que el accesorio,  nervio estrictamente motor, inerva los músculos esternocleidomastoideo y trapecio. Además de la participación de estos tres nervios también ejerce su función sensitivamotora el nervio glosofaríngeo, inervando el músculo estilofaríngeo. Pese a la identificación de la acción general de estos nervios en el proceso de habla, se hace muy difícil distinguir su acción aislada en patologías de esta índole (Peña Casanova, 1988; Rouvière y Delmas, 2005; Morrison y Rammage, 1996). 

 

En cuanto a la articulación o producción de consonantes y vocales, se puede distinguir la acción de los nervios trigémino, facial e hipogloso, siendo este último quien aporta la inervación motora de la lengua, contribuyendo en la modificación de su forma y posición mediante la acción del nervio sobre los músculos extrínsecos e intrínsecos respectivamente.  Este proceso es ayudado por la acción del séptimo par craneal, encargado de la inervación de los músculos faciales de la expresión, quienes modifican la forma de las mejillas y de los labios. Además, el quinto par regula la obertura de la boca al momento de generar los sonidos mediante movimientos mandibulares (Peña Casanova, 1988; Morrison y Rammage, 1996).

 

La señal motora enviada a los órganos fonatorios proviene de la corteza cerebral, descendiendo del área motora primaria. Los axones de las neuronas implicadas, pasan por el fascículo geniculado de la vía piramidal, cruzando la linea media para llegar a  los núcleos de los pares craneales involucrados. Debido a esto el área motora primaria determina la acción fonatoria del lado opuesto. (Peña-Casanova, 1988).

 

Otro ámbito de importancia para el desarrollo del lenguaje es el mecanismo que permite captar señales acústicas del ambiente y decodificarlas para darles el sentido que merecen. Este proceso ocurre gracias a la estimulación del nervio vestibulococlear, que genera el impulso nervioso dirigido hacia la porción más interna del hueso temporal, para conectarse finalmente con diferentes núcleos del tronco cerebral, iniciando así la vía auditiva central. (Peña-Casanova, 1988).

 

En cuanto a trastornos del habla producidos por lesiones en los nervios craneales, Perelló (1995) describe las parálisis, que corresponden a  daños producidos en el tronco cerebral o en sus núcleos por causas tóxicas, infecciosas o traumáticas. Dentro de las parálisis, las más destacadas son las parálisis de los nervios trigémino, facial, vagospinal e hipogloso.

 

La parálisis del nervio trigémino se caracteriza por una lesión en el nervio maxilar, produciendo adormecimiento en mejillas, cavidad oral inferior, labio inferior, región mentoniana, y parte anterior y media de la lengua. En consecuencia, se ve afectada la sensiblidad de los músculos de la masticación. Si la parálisis es bilateral, la boca queda abierta sin posibilidad de elevar la mandíbula. Un caso particular dentro de este tipo de lesión es  lo que se conoce como trismo, que corresponde a la dificultad en la articulación de los fonemas bilabiales y vocales anteriores, producto de la contractura de los músculos maseteros y temporal (Perelló, 1995).

 

La parálisis facial es consecuencia de la lesión periférica del nervio facial y afecta a los músculos de la frente, párpados y mitad inferior de la cara. Además, existe escape de saliva, dificultad en actos como chupar, soplar o silbar y una asimetría facial (Perelló, 1995).

 

La lesión del nervio vagospinal produce efectos a nivel velo-palato-faríngeo y trastornos respiratorios que modifican la producción normal del sonido. "La parálisis del velo del paladar se caracteriza por la pérdida de aire por las fosas nasales durante la elocución. La voz adquiere un timbre nasal" (Perelló, 1995, p.37). También existe la parálisis unilateral congénita del velo, que produce un retraso del lenguaje en niños. La presencia de parálisis laríngea produce voz ronca o, en ocasiones, afonía.

Otra parálisis es la del nervio hipogloso, cuya característica es la flaccidez, fruncimiento y atrofia de la mitad de la lengua, acompañada de la paresia del músculo orbicular de los labios. Cuando se trata de parálisis unilateral, al sacar la lengua, esta se desvía hacia el lado enfermo. En caso de bilateralidad, provoca perturbaciones mayores como la imposibilidad de articular los fonemas /l/, /s/ y en ocasiones la /k/, /g/ o /r/ (Perelló, 1995).

 

En conclusión, un correcto funcionamiento del sistema nervioso es de vital importancia  para que se produzca un proceso comunicativo eficiente, en el cual  los pares craneales se coordinan a través de complejos mecanismos,  permitiendo la producción de señales acústicas, captación de estas y su decodificación. En caso  de no existir indemnidad entre las estructuras comprometidas, se producen complicaciones que pueden provocar diversos trastornos en la comunicación de los individuos. Es aquí donde encontramos la importante labor fonoaudiológica, en la que el profesional debe discernir el origen real del daño para habilitar o rehabilitar de forma correcta el proceso comunicativo afectado.

 

Referencias bibliográficas

Bardaji, T. y Navarro M. (2000). Enfermería Médico-Quirúrgica: Necesidad de

                   movimiento. Barcelona: Masson.

Morrison, M. y Rammage, L. (1996). Anatomía y fisiología de la

                   producción de la voz. Tratamiento de los trastornos de la voz.

                   Barcelona: Masson.

Peña-Casanova, J. (1988). Bases neurobiológicas del lenguaje. Manual de

                   logopedia. Barcelona: Masson.

Perelló, J. (1995). Trastornos del habla. 5º edición. Barcelona: Masson.

Rouvière, H. y Delmas, A. (2005). Anatomía Humana: Descriptiva,

                   topográfica y funcional. vol. I. Barcelona: Masson.

Thibodeau, G. y Patton, K. (2008). Estructura y función del cuerpo humano.

                   Madrid: Harcourt Brace de España, S.A.

 

|

Comentarios

Al realizar la investigación acerca de los pares craneales

se descubrió el paper "Nervio terminal: el par craneal cero"

de los autores Jorge Eduardo Duque Parra  y Carlos Alberto

Duque Parra. En él se explica la existencia de un par craneal

desconocido para muchos pero fundamental para todos los

humanos debido  a las variadas funciones que realiza;

es denominado por los anatomistas como par cero o nervio

terminal. Los autores llaman la atención de lo inadvertido

que pasa este nervio ya que la enseñanza de los nervios

va más enfocada en los doce pares craneales (I al XII) ya

descritos. (Duque Parra, C.A. y Duque Parra, J.E., 2006).

 

 

Los autores exponen que este par craneal se compone

de pequeños nervios, que en el ser humano son en su

mayoría amielínicos. Éstos están asociados al nervio olfatorio,

ubicándose al borde medial de los bulbos y tractos de éste.

La denominación "nervio craneal cero"  es adecuada,

ya que su emergencia es rostral al nervio olfatorio (I). (Duque

Parra, C.A. y Duque Parra, J.E.)

 

 

Las funciones de este "nuevo" par craneal se relacionan

con el septonasal, participando en la detección de olores,

que ayuda en laselección de alimentos; y feromonas,

lo que le otorga una función reproductiva. Participa en

la regulación vascular nasal  en conjunto con el nervio olfatorio

y el órgano vómero-nasal. Además contribuye con la migración

de las neuronas estimulantes de la liberación de la hormona

gonadotrófica. Este nervio está presente  en embriones de

mamíferos y se observa nítidamente en algunos anfibios y

peces pulmonados. (Duque Parra, C.A. y Duque Parra, J.E.)

 

 

A pesar de lo ínfimo que parezca este nervio es de suma

importancia para aquellos que lo poseen, ya que participa

a lo largo de toda la vida del individuo. Además toma un

rol primordial en la reproducción, contribuyendo

al fin y al cabo, a la supervivencia de la especie.

 

 

Referencia:

 

Duque Parra, C.A. y Duque Parra, J.E. (2006) Nervio Terminal: el par craneal cero. MedUNAB, Vol. 9(3), 246-249, recuperado el 4 de Noviembre de 2009 de EBSCOHost.


Responder

Profesor, los integrantes son:

Paula Curihual

Carolina Martínez

Nicole Maurens

Constanza Olivares

Francisca Olivares

Iris Rojas

Camila Vélez

Vania Vergara

Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar